Los albergues de indigentes están saturados, sí, pero de inmigrantes lastimeros y llorones que encima tienen algún trabajo en dinero negro. Mientras tanto nuestra gente más necesitada sigue caminando por las calles, sufriendo su desgracia ante la impasibilidad de gobiernos, comunidades y ayuntamientos que además de ignorarlos con las ayudas sociales los marginan y reprenden.
Poco a poco, estamos seguros que esto se solucionará.
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